Inculcar en la gente la cultura de separar la basura

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Uno de los problemas ambientales más importantes hoy día, lo constituye el manejo de las basuras. A medida que aumenta la población mundial, hay más necesidad de producir todo tipo de bienes y consecuentemente crece más la producción de desechos. El consumismo es parte del problema: comprar cada vez más para suplir necesidades insatisfechas, tirar lo que todavía puede servir, deshacerse de lo que se puede arreglar.

El mundo se llena de basura. Las grandes ciudades tienen que pagar unos costos enormes para transportar sus desechos. Cada vez quedan más lejos los basureros o rellenos sanitarios y, por lo tanto, el gasto de combustible y la huella de carbono se suman al problema.

Lugares preciosos, como las playas nuestras, se llenan de montañas de plásticos por la insensatez de la gente.

Lo grave es que muchos de estos desechos pueden demorarse muchísimos años en degradarse. Algunos son tan lentos en este proceso que los clasificamos como no biodegradables. Otros, al descomponerse, producen sustancias tóxicas para el suelo, el agua y/o el aire, envenenando cultivos, bosques, corrientes de agua superficiales y subterráneas, produciendo daños y enfermedades a las comunidades animales y humanas, dañando ecosistemas y cambiando el paisaje natural.

Tenemos que empezar a cambiar nuestro comportamiento frente al manejo que le damos a las basuras.

Lo primero es separar en nuestras casas, en nuestros sitios de estudio y de trabajo. En principio, separamos en: 1) basura orgánica (restos de productos usados en la cocción de los alimentos pre-cocción y post-cocción, como cascara de víveres, cascaras de huevos, cascaras de frutas, borra de café, sobras de comidas, servilletas usadas, etc. y 2) basura inorgánica (botellas plásticas, latas, botellas de vidrio, fundas y envolturas plásticas, entre muchísimos otros).

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