Excursionismo en familia

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Cincoaventuras, como se conocen en Instagram, es una familia hermosa de cinco integrantes, de los cuales, tres son chiquitines que no pasan de ocho años. Los padres, Luis y Mariel, son dos jóvenes que desde el colegio armaban los ‘canes’ de fin de año con aventuras sanas e inolvidables.

Hoy quieren transmitir y dejar a sus hijos la mejor herencia de vida, que consiste en “sacarle el jugo” a la misma. Está compuesta por, empezando por los chicos: Andrea, una niña de ocho años, alegre, conversadora, analítica, amante de la naturaleza, aventurera y ayuda con la planificación de las rutas marcando los destinos en su mapa; Gael de cinco años, travieso, curioso, explorador, aventurero y ayuda con la selección de los lugares, y propone actividades recreativas; Vera de dos años, una bebé que nunca borra una sonrisa de su rostro y siempre está presta para las jornadas; Luis Prieto (papi) y Mariel Mella (mami), quienes hacen posible las experiencias y van guiando, de un modo divertido, la preparación y ejecución de los planes.

Un día, Mariel y Luis, dijeron: ¿y qué tal si bordeamos República Dominicana en varios días? Algunos padres amigos dijeron que estaban locos y que cómo se irían con niños por ahí a “coger lucha”, mientras que otros se unieron a la ruta, y al final iniciaron los planes, noticia que a los niños emocionó muchísimo.

El primer día el camino los dirigió hacia el Sur Profundo e hicieron una primera parada en la Escuela Taller Larimar, que es una iniciativa para fomentar la artesanía de nuestra piedra semipreciosa y única en el mundo, que solo es encontrada en Barahona.

Luego hicieron una parada deliciosa – sí, porque se come rico – en San Rafael de Barahona, donde los niños aprovecharon y se bañaron en las piscinas del río, sin importarle lo fría que estuvo el agua. Siguiendo la ruta hacia Pedernales, se detuvieron en el mirador de San Rafael, parada obligatoria, donde puedes visualizar un hermoso paisaje compuesto por la montaña y el impresionante azul del mar Caribe.

De ahí siguieron al Hoyo de Pelempito. Tuvieron alojamiento en Pedernales, en un hotel sencillo, pero limpio y todo en su debido orden, tal como lo describe @cincoaventuras, pero antes, cenaron con menos de 800 por todos, ¡un éxito!

Al otro día, visitaron el punto fronterizo de Pedernales: Anse-à- Pitre y encontraron todo en perfecto orden. Cuenta Mariel, que la visita fue impactante para los niños y los tocó, porque no entendían cómo algunos no tenían zapatos. Enseñarles un portón que divide ambos países, fue para ellos como asomarse a algo totalmente extraño. Miraban pensativos y, hasta cierto punto, silenciosos. Niños, inquietos y curiosos al fin, preguntaron: “¿Por qué hay tanta basura?”

Luego continuaron en ruta hacia Bahía de las Águilas. El trayecto en bote es sin duda, un atractivo de visitar la zona. Las formaciones rocosas y el azul cristalino del mar hacen que sea una vista simplemente única.

Los Pozos de Romeo fueron el siguiente destino a conocer. Un lugar hermoso, de tres cenotes de aguas cristalinas, que es muy bien disfrutado por los lugareños y sus visitantes. Después, siguieron la ruta hacia el Arroyo Salado, a pocos minutos de la carretera y de fácil acceso.

En el día 3, los caminos conducían desde Barahona a Loma de Cabrera y luego terminar en Montecristi. Casi sin temor a equivocarse, este fue el día más duro de toda la travesía, no solo por la cantidad de kilómetros, sino por un desvío que tuvieron que tomar y continuar el plan. Tomaron la ruta Barahona – San Juan, hasta las Matas de Farfán y obtener el permiso para recorrer la carretera internacional.

A la familia les llamó mucho la atención presenciar los contrastes en cuanto a las montañas de RD vs Haití. Siguieron hasta Loma de Cabrera, donde les esperaban con mucha calidez y luego continuar hasta Montecristi, donde se alojaron para pasar la noche.

Despertar en Montecristi (día 4), salir a caminar por la playa, encontrar caracoles de distintas formas y colores, es parte de la experiencia que incluye visitar este hermoso pueblo. Conocer el pequeño museo de las salinas, es una parada muy enriquecedora para toda la familia.

Dándole continuidad al recorrido, llegaron hasta Punta Rucia, para visitar aquel puñadito de arena en medio del mar, que se llama Cayo Arena. Luego se dirigieron a Luperón, allí conocieron al Museo Arqueológico La Isabela, y terminaron donde se construyó la primera villa del Nuevo Mundo.

El quinto día continuaron su ruta a Playa Grande en Luperón, hicieron unas cuantas fotos y desde que se desmontaron los niños estaban listos para entrar al agua, pero prefirieron continuar a Playa Diamante, que era uno de los lugares más esperados por ellos.

Al siguiente día (6) empezaron con una visita a El Saltadero en Cabrera y disfrutar el espectáculo que hacen sus lugareños

La ruta del día 7 los llevó a un destino nuevo: ¡Miches! Para el día 8 les tocó visitar otro de los lugares más esperados: Montaña Redonda. De allí se ve el mar en el horizonte, además de las lagunas Redonda y Limón. Era el penúltimo día de la travesía, y estaba comprobado que ninguno querían que se terminara, según nos cuentan.

En fin, el último día (9) cerraron con broche de oro, con mucha felicidad, por haber cumplido con el plan. Está demostrado que sí se puede hacer excursionismo en familia, sin importar la edad.

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