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El Día del Árbol se celebra en diferentes fechas en distintos lugares del mundo, siendo Suecia el primer país en conmemorarlo en 1840.

El Día Mundial del Árbol, 28 de junio, fue instaurado por el Congreso Forestal Mundial celebrado en Roma en 1969.

En República Dominicana se celebra el Día del Árbol en el mes de mayo, la fecha fue instituida mediante el decreto 2944, del 21 de Agosto de 1957, publicado en la gaceta oficial 8154, el cual establece el primer domingo de mayo como día para la celebración. Debido a que para ese año correspondió al domingo 5, se ha acarreado desde entonces la confusion de que es el día 5 la fecha oficial; Pero en esencia, lo importante es que al menos un día se dedique a reflexionar y actuar en favor del arbol, siendo lo ideal que se haga en cada día, siempre que haya oportunidad.

En todo caso, subrayemos un poco la importancia de lo árboles:

Los árboles resultan absolutamente esenciales para la vida de nuestro planeta: purifican el ambiente al oxigenar el aire, proporcionan sombra, mejoran sectores erosionados, humedecen el ambiente, reducen el ruido, son capaces de temperar el lugar donde se encuentran, ya que provocan sensación de frescura y humedad, incluso deteniendo las heladas con su follaje; producen alimentos y múltiples recursos, además de ser el hogar de diferentes animales.

Los árboles están junto al ser humano desde el principio de nuestra historia, por lo que sus beneficios son conocidos y aprovechados desde hace miles de años, y aún así, olvidados también.

Desde tiempos inmemoriales el hombre ha estado ligado a la naturaleza y esta relación le daba significado a su vida. Dentro de este concepto, el árbol tenía un sentido sagrado para ellos: representaba una vida inagotable, los bosques eran inmortales al perpetuarse a través de los siglos, al ser fuente inagotable de recursos para la humanidad.
Para muchas culturas, el árbol sagrado es el eje de su existencia, un puente de trascendencia entre el mundo terrenal y espiritual.

Hoy por hoy, el hombre ha perdido su capacidad de encantarse, tratando de resolver todo por medio de la razón, en su egocentrismo ha pretendido ser medida de todas las cosas cuando sólo es parte de un ecosistema mayor, ha olvidado mirar su alrededor y sorprenderse por las pequeñas y grandes maravillas de Natura.

Se hace necesario re-educar a las nuevas generaciones con principios integrales que valoren la importancia de los bosques más allá de las variables económicas. Educar para un cambio de actitud, hacia una cultura donde el hombre forme parte de un ecosistema que involucra a toda la naturaleza, y donde el equilibrio y bienestar de todos sus componentes es lo que nos puede llevar a mejorar la calidad de vida, y a frenar la destrucción del planeta y de nosotros mismos.

Debemos reflexionar sobre cómo cada uno de nosotros puede ayudar a este cambio, cada uno en la medida de sus posibilidades y en el entorno donde se desenvuelve tiene el deber y la obligación de garantizar el legado que hemos recibido al nacer, multiplicarlo y prestarlo a las generaciones por venir.

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